Unos buenos medios son una nación hablándose a sí misma. Con
alguna variación, tomo esta sentencia de Arthur Miller para aplicarla a la
universidad. LUZ, clara como nunca sobre lo que representa hoy la articulación
y efectividad de sus medios masivos de comunicación, ha decidido repensarlos y
asumirlos con la misma profundidad con
la que asumimos nuestros múltiples saberes y prácticas.
No existe otra manera de potenciar las relaciones entre los medios
de comunicación, la academia y la sociedad, e impulsar la formación, la
extensión y la investigación, aportando análisis, objetividad, información
especializada y conocimiento.
Se trata de poner en diálogo permanente a la universidad
con la región y el país, a través de unos medios fortalecidos que se alimentan,
en primera instancia, de los propios saberes de la academia.
Somos una institución protagonista de su tiempo que cumple con su
misión social y puede intervenir con legitimidad y autoridad en el debate
público y en la formación de ciudadanos críticos y comprometidos con una
cultura democrática. Eso somos. Pero demostrarlo, exige articular el trabajo de
nuestros medios, y proyectar la imagen de una institución unitaria.
Se trata de proyectar a la Universidad y que ella, desde la ciencia, lidere
el análisis y la reflexión de los grandes temas que nos afectan, con productos de
calidad, y unos medios atractivos, modernos, bien
posicionados, cuyos contenidos, esencialmente informativos y enriquecidos con
el análisis, responsabilidad y profundidad en el tratamiento de los temas, reflejen la multidisciplinariedad y la diversidad cultural propia de
la Universidad.
Medios
que
permitan difundir diversidad de opiniones y perspectivas que nutren las
discusiones nacionales.
Eso tendremos en nuestro Portal Web, en las parrillas de
programación de LUZ FM, en su relanzamiento, y de TV LUZ, tras su pronta salida
al aire. Con ese mismo enfoque nos proponemos fortalecer el periódico la Universidad del Zulia y sumar la revista LUZ a nuestra corporación
de medios.
Dar un giro rotundo a nuestra gestión comunicacional, exige
talento y capacidad de quienes están dispuestos a conceptualizar y ejecutar
nuestra acción comunicativa global; de sus autoridades, exige voluntad.
Superar
esa especie de opacidad institucional, propia de las organizaciones
fragmentadas, parceladas, que adolecen de una identidad sólida y reconocible,
que la distingue y diferencia de los otros actores sociales, es comenzar a construir
nuestro "capital marcario". Es garantizar que el país haga una lectura correcta
de lo que somos, lo que hacemos y cómo lo hacemos.